Google ha iniciado conversaciones con SpaceX para lanzar centros de datos al espacio, según ha revelado este martes The Wall Street Journal. El movimiento, confirmado en exclusiva por el diario neoyorquino y replicado en cuestión de horas por Bloomberg, TechCrunch y Reuters, sitúa a dos de las compañías más ambiciosas del momento en la misma carrera: encontrar el sitio más barato donde alimentar la creciente demanda de cómputo para inteligencia artificial.
El acuerdo, aún en fase preliminar, contempla utilizar los cohetes Falcon y eventualmente Starship de SpaceX para poner en órbita la infraestructura informática de Google. Ninguna de las dos compañías ha comentado oficialmente la información.
La noticia llega en un momento cargado de implicaciones financieras y estratégicas: SpaceX se prepara para una salida a bolsa valorada en torno a 1,75 billones de dólares, y los centros de datos orbitales son uno de los pilares de la propuesta de valor que vende a sus inversores.
Por qué llevar los centros de datos al espacio
El argumento técnico que sostiene la apuesta es sencillo, aunque su ejecución es cualquier cosa menos trivial. En órbita baja, los paneles solares reciben luz casi continua, lo que elimina la dependencia de la red eléctrica y reduce drásticamente los costes de energía, hoy el principal cuello de botella para el crecimiento de la infraestructura de IA. La refrigeración, problema crónico de las granjas de servidores terrestres, se simplifica con el vacío y las bajísimas temperaturas espaciales.
Starcloud, la startup más avanzada en este terreno, estima que su tercera generación de satélites podrá ofrecer electricidad a 0,05 dólares el kilovatio-hora, una cifra a la altura de los acuerdos que firman los grandes operadores en tierra. La condición: que SpaceX consiga bajar el coste de lanzamiento a 500 dólares por kilogramo, objetivo declarado del programa Starship.
Project Suncatcher: Google ya tiene plan propio
Lo más llamativo del movimiento no es la pareja, sino que Google ya tenía un proyecto interno avanzado. Se llama Project Suncatcher, lo anunció a finales del año pasado y consiste en una constelación de 81 satélites construida en colaboración con la operadora Planet. Los dos primeros prototipos están previstos para principios de 2027.
La estrategia de buscar también a SpaceX sugiere que Google no quiere depender de una sola opción de lanzamiento, sobre todo cuando la capacidad orbital se ha convertido en un recurso estratégico escaso. Según el WSJ, la compañía está manteniendo conversaciones paralelas con otros proveedores de lanzamiento.
El triángulo Anthropic, Musk y la carrera de los modelos
SpaceX no juega solo con Google. La semana pasada cerró un acuerdo con Anthropic para que la creadora de Claude utilice los 220.000 chips Nvidia y los 300 megavatios de capacidad de cómputo del superordenador de xAI, propiedad también de Elon Musk, en Memphis. El propio Musk lo defendió en sus redes sociales con su habitual estilo: “a nadie le ha saltado mi detector de maldad”. Anthropic, según fuentes citadas por SpaceNews, está además interesada en utilizar futuros satélites orbitales de SpaceX.
El movimiento es revelador: dos competidores directos en el frente de los modelos de IA — xAI y Anthropic — comparten infraestructura. El cuello de botella de la potencia de cómputo es ya tan severo que la rivalidad comercial se subordina a la necesidad de acceso a GPUs.
Una megaconstelación de un millón de satélites
SpaceX ha llevado la apuesta al extremo: la compañía ha solicitado a la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos permiso para construir y operar hasta un millón de satélites destinados a una red distribuida de cómputo. La cifra, anunciada en abril, marca una diferencia de orden de magnitud con cualquier constelación actual.
El proyecto Starcloud-2, programado para antes de finales de 2026, llevará a bordo hardware y software de Amazon Web Services, Google Cloud, Nvidia y Crusoe. Es decir, las cuatro empresas que mueven el mercado terrestre del cómputo de IA están ya, de un modo u otro, probando el espacio.
Lo que esto significa para Europa y para España
La carrera de la infraestructura espacial reconfigura el mapa competitivo del sector. Mientras Estados Unidos despliega capacidad orbital con dos cohetes operativos — Falcon de SpaceX y Vulcan de ULA — y China impulsa sus propios programas, Europa sigue trabajando en Ariane 6 y en los planes de Iris2 con un retraso visible.
Para España y Latinoamérica, la cuestión inmediata no es construir satélites de cómputo, sino decidir si dependerá de la infraestructura ajena o impulsará el papel de centros de datos terrestres bien situados — costas atlánticas con energía verde abundante y cables submarinos — como complemento. Es exactamente el tipo de decisión que se está tomando ahora, mientras los anuncios estadounidenses fijan el ritmo.
Lo que vendrá
El siguiente hito a vigilar es la confirmación oficial del acuerdo entre Google y SpaceX, que el mercado descuenta para las próximas semanas. Si se materializa, marcará el momento en el que los centros de datos dejaron de ser una cuestión de geografía terrestre para convertirse en una cuestión de geografía orbital. Y eso, para la siguiente década de inteligencia artificial, no es un detalle menor.
Fuentes: The Wall Street Journal, Bloomberg, TechCrunch, Reuters, SpaceNews, NPR, MIT Technology Review.
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