El gobernador de California, Gavin Newsom, puso sobre la mesa esta semana una propuesta que mezcla política social y tecnología de forma poco habitual en el debate estadounidense: pagar el 90% del salario durante dos años a los trabajadores que pierdan su empleo por culpa de la inteligencia artificial, siguiendo el modelo de protección laboral de Dinamarca.
El modelo danés como referencia para Silicon Valley
Newsom presentó su propuesta en una conferencia en Washington. El núcleo de la idea es trasplantar al contexto californiano el sistema de flexiseguridad danés, que combina facilidad para despedir con prestaciones generosas y formación activa. En Dinamarca, ese modelo lleva décadas funcionando como amortiguador ante los cambios económicos.
La diferencia es que Newsom lo plantea específicamente como respuesta a la IA, no a una crisis cíclica. El gobernador reconoce que los sistemas de protección social actuales se diseñaron hace casi un siglo, cuando los riesgos laborales eran otros y la automatización afectaba principalmente a trabajos manuales y de fábrica.
El salto conceptual es significativo: ahora los empleos en riesgo son los de oficina. Analistas financieros, gestores de proyectos, redactores, asistentes legales. Perfiles que hasta hace muy poco se consideraban inmunes a la automatización.
El 93% de la bolsa en manos del 10% más rico
Newsom no se limitó a hablar de prestaciones por desempleo. Introdujo en el debate una cifra que resume la tensión de fondo: el 10% más rico de la población estadounidense controla el 93% del valor de la bolsa del país.
Ese dato no es nuevo en la literatura económica sobre desigualdad, pero Newsom lo usa como argumento para justificar otra propuesta más ambiciosa: la creación de fondos públicos que repartan dividendos entre los ciudadanos. La lógica es directa. Si la IA genera riqueza y esa riqueza se concentra en los accionistas de unas pocas empresas tecnológicas, el Estado debería capturar parte de ese valor y redistribuirlo.
Es una versión del debate sobre el dividendo universal de los recursos, que en Alaska existe desde los años ochenta con el Permanent Fund derivado del petróleo. Newsom propone aplicar una lógica similar a los beneficios de la inteligencia artificial.
Por qué el momento político importa tanto como la propuesta
El contexto en el que Newsom lanza estas ideas no es neutral. En 2024, defendió públicamente la economía de la administración Biden en un momento en que los datos macroeconómicos eran positivos pero la percepción ciudadana era negativa. El gobernador reconoció esta semana que ese fue un error de diagnóstico.
Su frase fue precisa: “No vivimos en el agregado.” Con eso quiso decir que los indicadores globales de empleo o crecimiento no reflejan lo que siente un trabajador concreto que ve cómo su empresa introduce herramientas de IA que reducen la plantilla o eliminan tareas que antes justificaban su puesto.
Ahora acusa a Donald Trump de cometer el mismo error en sentido contrario: ignorar el malestar real de la población mientras defiende cifras macroeconómicas. La lectura política es clara. Newsom se posiciona como el demócrata que sí escucha lo que ocurre en el día a día laboral.
Analistas, redactores, gestores: el nuevo perfil del desplazado por IA
Durante años, el debate sobre automatización giró en torno a operarios de líneas de montaje, conductores de camiones o cajeros de supermercado. La narrativa era la del trabajador manual amenazado por robots físicos. Ese relato ya no cubre lo que está ocurriendo.
Los modelos de lenguaje actuales han cambiado el mapa del riesgo. Las tareas cognitivas repetitivas, la redacción de informes, el análisis de documentos, la atención al cliente cualificada o la gestión administrativa son ahora las más expuestas. Son exactamente los empleos que dominan las economías de servicios en España, México, Argentina y Colombia, como señala el propio contenido de la propuesta de Newsom.
Este desplazamiento tiene una característica que lo hace políticamente más explosivo que los anteriores: afecta a la clase media formada. A personas con estudios universitarios que invirtieron años en construir una carrera en sectores que ahora ven cómo parte de su valor profesional puede ser replicado por un sistema de IA a una fracción del coste.
La distancia entre el PIB y el bolsillo
El argumento de Newsom sobre la desconexión entre macroeconomía y experiencia cotidiana conecta con un problema que los economistas llevan tiempo documentando. El crecimiento del PIB, la tasa de desempleo agregada o los datos de productividad no capturan la distribución interna de esos beneficios.
Si la productividad sube porque una empresa de cincuenta personas incorpora herramientas de IA y despide a quince, el PIB recoge la ganancia de eficiencia pero no el coste humano de esa transición. Los quince trabajadores desplazados no aparecen inmediatamente en las estadísticas de desempleo si encuentran trabajos peor pagados o si abandonan la búsqueda activa.
Esa brecha entre el dato agregado y la experiencia individual es, según Newsom, el terreno donde se gana o se pierde la confianza política. Y es el terreno donde la IA va a generar más tensión en los próximos años, independientemente de lo que digan los titulares sobre crecimiento económico.
El precedente de Alaska y los fondos soberanos tecnológicos
La propuesta de crear fondos públicos que repartan dividendos entre ciudadanos tiene antecedentes concretos. El Alaska Permanent Fund, creado en 1976 a partir de los ingresos del petróleo, distribuye cada año un dividendo a todos los residentes del estado. En algunos años ese dividendo ha superado los dos mil dólares por persona.
Varios economistas y figuras del mundo tecnológico han propuesto modelos similares aplicados a la IA. La idea es que si los grandes modelos de lenguaje se entrenan con datos generados por millones de personas, esas personas tienen algún tipo de derecho sobre los beneficios que esos modelos generan. Newsom no llega a ese nivel de detalle en su propuesta, pero la dirección es la misma.
El obstáculo práctico es enorme. Definir qué empresas tributan, en qué proporción, cómo se gestiona el fondo y quién tiene derecho al dividendo son preguntas que no tienen respuesta sencilla en un sistema federal como el estadounidense.
Lo que está en juego para ti
Si trabajas como analista, redactor, gestor de cuentas o en cualquier puesto que implique procesar información y producir documentos, la propuesta de Newsom describe directamente tu perfil de riesgo. No como amenaza abstracta, sino como el tipo de trabajador para el que está diseñando una red de seguridad.
La pregunta que subyace a todo el debate es si los gobiernos van a actuar antes o después de que el desplazamiento sea masivo. Dinamarca construyó su modelo de flexiseguridad cuando la economía funcionaba bien, no en medio de una crisis. Newsom apuesta por hacer lo mismo con la IA: diseñar la protección antes de que el impacto sea irreversible.
California tiene el peso económico para intentarlo. Con un PIB que la convertiría en la quinta economía mundial si fuera un país independiente, las decisiones políticas que se toman en Sacramento tienen una influencia que va mucho más allá de sus fronteras. ¿Crees que otros gobiernos, en España o en América Latina, tienen la voluntad política para seguir ese camino antes de que el mercado laboral lo exija a gritos?
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial.
Edición con asistencia de herramientas de IA bajo supervisión editorial. Cómo trabajamos.
IBERIA
IBERIA es la redacción de LaPrensaIA. Cubrimos la actualidad de la inteligencia artificial con criterio propio: tecnología, empresas y sociedad. Cada artículo es producido por agentes de IA y revisado por su editor humano.



