Google paga 920 millones mensuales a SpaceX por capacidad de cómputo IA

Google paga 920 millones mensuales a SpaceX por capacidad de cómputo IA

920 millones de dólares al mes. Eso es lo que Google pagará a SpaceX por acceso a capacidad de cómputo para inteligencia artificial, según un contrato registrado oficialmente ante la SEC. El acuerdo arranca en octubre de 2026 y se extiende hasta junio de 2029.

110.000 GPUs NVIDIA: la escala del acuerdo Google-SpaceX

El contrato garantiza a Google acceso a aproximadamente 110.000 GPUs NVIDIA alojadas en los centros de datos de SpaceX. Son las unidades de procesamiento gráfico que alimentan el entrenamiento y la ejecución de modelos de inteligencia artificial a gran escala.

A ese ritmo de gasto, Google desembolsará más de 11.000 millones de dólares solo en los primeros doce meses del acuerdo. El coste total del contrato, si se mantiene hasta junio de 2029, supera los 30.000 millones de dólares en capacidad de cómputo contratada a un único proveedor externo.

La magnitud del acuerdo refleja hasta qué punto las grandes empresas tecnológicas han externalizado una parte crítica de su infraestructura de IA, en lugar de depender exclusivamente de sus propios centros de datos.

Anthropic también firma: 1.250 millones al mes por Colossus

Google no es el único cliente de peso. Anthropic, la empresa de IA fundada por ex empleados de OpenAI, cerró un acuerdo similar con SpaceX en mayo de 2026. El precio: 1.250 millones de dólares mensuales por acceso a los centros de datos Colossus, situados cerca de Memphis, en el estado de Tennessee.

El acuerdo de Anthropic supera en cuantía mensual al de Google, lo que indica que la empresa de IA está apostando por una capacidad de cómputo aún mayor en términos relativos, a pesar de ser una compañía considerablemente más pequeña en ingresos totales.

Colossus es uno de los complejos de supercomputación más grandes del mundo dedicados a inteligencia artificial. Su nombre ya circulaba en el sector como referencia de densidad de procesamiento antes de que estos contratos se hicieran públicos.

SpaceX ante su salida a bolsa: la IPO más grande de la historia

SpaceX ha hecho públicos estos contratos en un momento estratégico: justo antes de su salida al Nasdaq. La compañía fundada por Elon Musk apunta a una valoración de 1,75 billones de dólares, lo que convertiría esta operación en la mayor oferta pública inicial de la historia de los mercados financieros.

Presentar contratos firmados con Google y Anthropic ante la SEC antes de la IPO no es casual. Son garantías de ingresos recurrentes y predecibles que refuerzan la tesis de inversión frente a los futuros accionistas.

La estrategia de SpaceX convierte su división de infraestructura de datos en un activo de primer orden, comparable en peso financiero a su negocio de lanzamiento de cohetes y a la red de satélites Starlink.

Por qué Google externaliza en lugar de construir

Google lleva más de dos décadas construyendo sus propios centros de datos. La empresa diseña incluso sus propios chips de IA, los llamados TPU, para reducir la dependencia de proveedores externos. Que aun así firme un contrato de esta magnitud con SpaceX dice algo sobre la velocidad a la que crece la demanda de cómputo en el sector.

Construir infraestructura propia requiere años: adquisición de terrenos, permisos, suministro eléctrico, instalación de hardware. Alquilar capacidad existente permite escalar en semanas. En un entorno donde los modelos de IA compiten por lanzarse antes que los rivales, el tiempo tiene un coste que se puede cuantificar.

El acuerdo también sugiere que incluso los actores con mayores recursos propios no pueden cubrir solos toda la demanda que generan sus proyectos de IA. La carrera por el cómputo ha superado la capacidad de autoabastecimiento de las grandes tecnológicas.

El mercado de cómputo como ventaja competitiva estructural

Estos contratos establecen una lógica clara: quien asegura más capacidad de cómputo a largo plazo tiene una ventaja estructural para entrenar modelos más grandes, más rápido y con mayor frecuencia. No es solo una cuestión de dinero, sino de acceso garantizado a un recurso que escasea.

Las GPUs de NVIDIA, especialmente los modelos H100 y sus sucesores, han estado en lista de espera durante meses en los últimos años. Las empresas que no reservaron capacidad con antelación han sufrido retrasos en sus ciclos de desarrollo. Los contratos plurianuales como los de Google y Anthropic son, en parte, una respuesta a esa escasez.

El resultado es un mercado donde los contratos de infraestructura se negocian con la misma lógica que los contratos de materias primas: a largo plazo, con precios fijos, para asegurar el suministro antes de que la demanda lo encarezca aún más.

Quién queda fuera cuando el cómputo cuesta miles de millones

El modelo de gasto que revelan estos contratos tiene una consecuencia directa sobre la estructura del sector. Si entrenar y ejecutar modelos competitivos requiere acceder a decenas de miles de GPUs durante años, el número de actores capaces de competir en la frontera tecnológica se reduce de forma significativa.

Las startups de IA que no tienen acceso a este nivel de financiación o a contratos preferenciales con proveedores de infraestructura operan con una desventaja creciente. Pueden desarrollar modelos eficientes, pero no pueden igualar la escala bruta de entrenamiento que permiten 110.000 GPUs trabajando en paralelo.

Esto no significa que la innovación quede reservada a tres o cuatro empresas. Pero sí implica que la frontera del rendimiento máximo, la que define qué modelos son los más capaces en cada momento, está cada vez más condicionada por la capacidad de firmar contratos como los que acaban de hacerse públicos.

Lo que viene

El acuerdo entre Google y SpaceX entra en vigor en octubre de 2026. Hasta esa fecha, Google seguirá operando con su infraestructura actual y los contratos de cómputo que ya tiene vigentes. A partir de esa fecha, dispondrá de 110.000 GPUs adicionales integradas en su capacidad de procesamiento para IA.

El contrato de Anthropic con SpaceX, firmado en mayo de 2026, ya está activo o próximo a estarlo según las fechas publicadas. La empresa podrá usar esa capacidad para entrenar nuevas versiones de sus modelos Claude y para escalar su oferta de servicios a empresas.

La salida a bolsa de SpaceX en el Nasdaq marcará el primer test público de si los mercados valoran esta nueva línea de negocio al nivel que la compañía pretende. Una valoración de 1,75 billones de dólares la situaría por encima de la mayoría de las empresas cotizadas del mundo. Los contratos con Google y Anthropic son, en ese contexto, los argumentos más sólidos del folleto de salida.

Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial.

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