Despidos silenciosos en China: la IA reemplaza sin despedir

Despidos silenciosos en China: la IA reemplaza sin despedir

Setenta millones de empleos en riesgo y ningún titular de despidos masivos. Eso es lo que está ocurriendo en China desde 2025, donde gigantes tecnológicos como Alibaba y Baidu están reduciendo plantillas de forma sistemática sin firmar ni un solo expediente de regulación de empleo.

Un tercio de la plantilla de Alibaba, esfumado sin comunicado

Alibaba recortó aproximadamente un tercio de su fuerza laboral a lo largo de 2025. No hubo anuncio oficial, ni rueda de prensa, ni cifra publicada en sus informes trimestrales con esa etiqueta. La reducción se materializó a través de contratos temporales no renovados, convocatorias de empleo canceladas y vacantes que simplemente dejaron de existir.

Baidu siguió una lógica similar. La compañía perdió cerca del 7% de sus empleados en el mismo periodo. Tampoco hubo comunicado. El mecanismo es administrativamente limpio: si no contratas, no despides. La plantilla mengua sola, y la inteligencia artificial ocupa el espacio que deja libre.

Este modelo de reducción encubierta tiene un nombre en los círculos de recursos humanos anglosajones: “quiet firing”. En China está adquiriendo una dimensión industrial que no tiene precedente reciente en ninguna otra economía del mundo.

La aritmética de Citibank: 70 millones de puestos en el punto de mira

Citibank calculó que 70 millones de puestos de trabajo en China tienen un riesgo alto de ser desplazados por la inteligencia artificial. Es una cifra que equivale a la población activa combinada de varios países europeos medianos. No es una proyección a cincuenta años: es el horizonte inmediato.

El impacto es especialmente agudo entre los trabajadores jóvenes. Según el mismo análisis de Citibank, el 13,6% de los empleos en ese segmento de edad están en riesgo directo. China lleva varios años registrando tasas de desempleo juvenil que en algunos meses de 2023 superaron el 20%, y la automatización silenciosa añade presión sobre un mercado laboral que ya acusaba tensiones estructurales.

El gobierno chino, por su parte, ha fijado un objetivo explícito: que el 70% de los sectores clave del país adopten inteligencia artificial antes de 2027. Esa meta convierte la automatización en política de Estado, no en decisión empresarial aislada.

Por qué los tribunales laborales chinos se han convertido en el último freno

Las empresas que han intentado usar la automatización como argumento legal para justificar despidos se han encontrado con un obstáculo inesperado: los jueces. Los tribunales laborales chinos ya han bloqueado tres intentos de invocar la inteligencia artificial como causa de fuerza mayor para rescindir contratos.

La legislación laboral china no reconoce la automatización como una circunstancia que exima al empleador de sus obligaciones. Eso significa que despedir formalmente a alguien porque una máquina hace su trabajo tiene consecuencias legales reales. Las empresas lo saben, y por eso eligen el camino más largo pero más seguro: el vaciado gradual.

Este contexto legal es, paradójicamente, el que está acelerando las prácticas de reducción encubierta. Si no puedes despedir con argumentos de automatización, no despides: simplemente dejas de contratar y esperas a que la plantilla se ajuste sola al nuevo tamaño operativo que la IA permite.

La congelación de la contratación de graduados como señal de alarma

Uno de los indicadores más reveladores de este proceso es la caída en la contratación de recién graduados. Alibaba, Baidu y otras tecnológicas chinas han reducido de forma drástica sus programas de incorporación de talento joven. Las ofertas de empleo para perfiles junior han disminuido en sectores donde la IA puede asumir tareas de análisis de datos, atención al cliente, generación de contenido y codificación básica.

Para los jóvenes chinos que terminan sus estudios universitarios en 2025 y 2026, el mercado tecnológico que sus predecesores encontraron hace una década ya no existe de la misma forma. Las empresas no necesitan el mismo volumen de analistas, redactores, operadores de soporte o programadores de nivel inicial que requerían antes de desplegar sus propios modelos de lenguaje y automatización.

Este fenómeno no es exclusivo de China, pero en el país asiático la escala y la velocidad del proceso no tienen equivalente en ninguna otra economía. La combinación de un sector tecnológico muy concentrado en pocas empresas grandes y una política gubernamental que empuja activamente la adopción de IA crea condiciones únicas.

El modelo de vaciado silencioso que Alibaba y Baidu han perfeccionado

La fórmula que están aplicando estas compañías tiene tres palancas principales. Primera: no renovar contratos temporales, que en el sector tecnológico chino representan una proporción significativa de la plantilla total. Segunda: congelar la contratación externa, de modo que las bajas naturales no se sustituyen. Tercera: dejar vacantes sin cubrir indefinidamente, permitiendo que los equipos se reorganicen absorbiendo funciones que antes requerían una persona adicional.

El resultado es una reducción de plantilla que no activa los mecanismos de protección laboral diseñados para los despidos colectivos. No hay negociación con sindicatos, no hay indemnizaciones extraordinarias, no hay titulares. La empresa simplemente aparece, doce meses después, con un 30% menos de empleados y sin haber firmado un solo finiquito vinculado a la automatización.

Desde el punto de vista contable, los ahorros son inmediatos y los riesgos legales, mínimos. Desde el punto de vista social, el coste se externaliza hacia los trabajadores que no encuentran nuevos contratos y hacia un Estado que deberá gestionar el impacto en el empleo.

El calendario del gobierno chino y la presión sobre las empresas

El objetivo gubernamental de que el 70% de los sectores clave adopten inteligencia artificial antes de 2027 no es una recomendación voluntaria. En el contexto chino, estas metas forman parte de planes quinquenales y estrategias nacionales que condicionan accesos a financiación pública, contratos estatales y entornos regulatorios favorables.

Las empresas tecnológicas tienen, por tanto, un incentivo doble para acelerar la automatización: reducir costes operativos y alinearse con las prioridades del Estado. Alibaba y Baidu no están actuando en solitario ni de forma oportunista. Están respondiendo a una arquitectura de incentivos que el propio gobierno ha construido.

Eso plantea una tensión política interna que Pekín tendrá que gestionar. Por un lado, quiere que China lidere la carrera global de la inteligencia artificial. Por otro, necesita mantener el empleo y la estabilidad social en un país donde el desempleo juvenil ya generó fricciones visibles en los últimos años. Ambos objetivos no son fácilmente compatibles al mismo tiempo.

Lo que viene

El horizonte inmediato apunta a que el modelo de reducción silenciosa se extenderá más allá del sector tecnológico. Si Alibaba y Baidu han demostrado que el mecanismo funciona sin consecuencias legales ni reputacionales graves, otras industrias con alta proporción de trabajo rutinario, como la banca, los seguros, la logística y la administración empresarial, tienen todos los incentivos para replicarlo.

Citibank sitúa en 70 millones el número de empleos en riesgo, pero esa cifra corresponde al análisis actual. A medida que los modelos de inteligencia artificial chinos, varios de los cuales han alcanzado en 2025 niveles de rendimiento comparables a los occidentales, se integren en más procesos operativos, el número podría revisarse al alza antes de que termine la década.

El dato accionable para cualquier empresa o regulador que observe este proceso desde fuera es preciso: los marcos legales laborales diseñados para gestionar despidos formales no están equipados para detectar ni frenar el vaciado gradual de plantillas. China ya lo está demostrando a escala de decenas de millones de empleos. La pregunta no es si otros mercados verán dinámicas similares, sino qué instrumentos regulatorios tendrán listos cuando lleguen.

Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial.

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