Marcos Rojas: «Que la IA médica funcione en español no es traducción, es equidad»

Cuando un estudiante de medicina se equivoca con un paciente real, el coste puede ser alto. Marcos Rojas, médico chileno y candidato a doctor en la Universidad de Stanford, ha construido una alternativa: Clinical Mind AI, una plataforma que usa inteligencia artificial generativa para simular encuentros clínicos —y que funciona también en español. Esta semana, en «El Domingo de Iberia», Rojas responde a LaPrensaIA sobre qué cambia cuando se practica con un «paciente» que no existe, por qué el idioma es una cuestión de equidad, cuál es el mayor riesgo de llevar la IA al aula de medicina y qué puede aportar Latinoamérica con muchos menos recursos.

Practicar con un «paciente» que no existe

Para un lector no técnico: ¿qué cambia cuando un estudiante de medicina practica con un «paciente» de IA?

Cambia que el estudiante puede practicar muchas más veces, en un entorno seguro, antes de enfrentarse a un paciente real. Un «paciente» de IA permite ensayar entrevistas clínicas, hacer preguntas, equivocarse, recibir retroalimentación y volver a intentarlo sin poner a nadie en riesgo.

No reemplaza la experiencia con pacientes reales, pero sí prepara mejor al estudiante para llegar a esa instancia con más confianza, mejores habilidades de comunicación y una forma más ordenada de razonar clínicamente. Es como pasar de estudiar solo teoría a poder practicar conversaciones clínicas realistas, disponibles en cualquier momento.

«Que funcione en español no es traducción: es una cuestión de equidad»

¿Por qué es tan importante que esa simulación funcione también en español?

Porque la medicina no ocurre en abstracto: ocurre en el idioma, la cultura y el contexto del paciente. Si un estudiante se forma solo con herramientas en inglés, puede perder matices fundamentales: cómo una persona describe el dolor, el miedo, los síntomas, sus creencias o sus barreras para acceder al sistema de salud.

Que funcione bien en español no es solo una cuestión de traducción. Es una cuestión de equidad. Permite que estudiantes y docentes de América Latina, España y comunidades hispanohablantes puedan entrenar con casos más cercanos a su realidad. También ayuda a que la IA no reproduzca una medicina centrada únicamente en contextos anglosajones.

El riesgo de tratar a la IA como una fuente de verdad

¿Cuál es el mayor riesgo de llevar la IA a la formación clínica, y cómo lo evitan?

El mayor riesgo es que se use como una fuente automática de verdad, sin criterio clínico ni supervisión. En medicina, una respuesta que suena convincente puede estar incompleta, sesgada o ser incorrecta. Por eso, la IA no debe formar estudiantes aislada de docentes, evidencia y evaluación rigurosa.

En Clinical Mind AI lo abordamos diseñando la herramienta como un espacio de práctica, no como un sustituto del juicio médico. La simulación debe estar guiada por objetivos educativos claros, casos revisados, retroalimentación estructurada y supervisión humana. La idea no es que el estudiante «le crea» a la IA, sino que aprenda a pensar mejor, preguntar mejor y justificar mejor sus decisiones clínicas.

Lo que Latinoamérica puede aportar (y aprender)

¿Qué puede aprender Latinoamérica de un proyecto así, con muchos menos recursos?

Puede aprender que la innovación educativa no siempre depende de tener los hospitales más grandes o los presupuestos más altos. Una herramienta bien diseñada puede ampliar el acceso a prácticas clínicas de calidad, especialmente en lugares donde hay pocos docentes, pocos pacientes estandarizados o pocas oportunidades de simulación.

Latinoamérica también puede aportar mucho: sistemas de salud diversos, creatividad frente a la escasez y una comprensión profunda de contextos sociales complejos. La clave es no copiar modelos externos sin adaptarlos, sino construir IA clínica educativa con datos, lenguaje, casos y prioridades locales.

Lo que le preocupa y lo que le ilusiona

¿Qué le preocupa y qué le ilusiona del momento actual?

Me preocupa que la IA se adopte demasiado rápido, sin suficiente evaluación, o que se use para abaratar la educación en lugar de mejorarla. También me preocupa que las herramientas más avanzadas queden concentradas en instituciones con más recursos, aumentando brechas que ya existen.

Pero me ilusiona enormemente la posibilidad de democratizar la práctica clínica. Que un estudiante pueda entrenar una entrevista difícil, recibir retroalimentación inmediata, mejorar su razonamiento y llegar mejor preparado al paciente real es una oportunidad muy poderosa. Bien usada, la IA puede ayudarnos a formar médicos más seguros, más humanos y más conscientes de sus propios límites.

Ficha · El entrevistado

Marcos Rojas es médico por la Universidad de Chile y candidato a doctor en la Stanford Graduate School of Education (Learning Sciences and Technology Design), donde investiga el uso de la inteligencia artificial, la realidad virtual y la realidad aumentada en la educación médica. Es director del proyecto Clinical Mind AI, una plataforma multilingüe de simulación de razonamiento clínico desarrollada en Stanford, y research manager en el Chariot Lab de la Stanford School of Medicine. Es además miembro del Technology Enhanced Learning Committee de la Association for Medical Education in Europe (AMEE). Entrevista realizada por correo para «El Domingo de Iberia» de LaPrensaIA; edición de estilo de la redacción.

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