Veintinueve países firmaron el 17 de julio de 2026, en Shanghái, el acuerdo fundacional de la World Artificial Intelligence Cooperation Organization, conocida como WAICO. El organismo, impulsado por China y con sede permanente en esa ciudad, aspira a convertirse en el primer cuerpo intergubernamental dedicado exclusivamente a la gobernanza global de la inteligencia artificial, fuera del paraguas occidental.
Shanghái, julio de 2026: el mapa de la IA se redibuja
El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, firmó el acuerdo en nombre de Pekín. Entre los otros signatarios figuran Rusia, Brasil, Venezuela, Cuba, Serbia, Kazajistán, Pakistán e Indonesia, junto a diez países africanos y doce asiáticos. La composición geográfica del bloque fundador no es casual: refleja años de diplomacia china en el Sur Global.
La presencia de António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, en la ceremonia de Shanghái otorgó al acto una dimensión que va más allá de lo simbólico. Guterres no representa a la ONU como organización adherida, pero su asistencia valida políticamente la iniciativa ante la comunidad internacional y complica el argumento de quienes la describen simplemente como un club de aliados de Pekín.
La WAICO funcionará como organismo intergubernamental independiente, con personalidad jurídica propia y sede fija en Shanghái. Su estructura recuerda, en diseño institucional, a organismos como la Organización Mundial del Comercio o la Agencia Internacional de Energía Atómica, aunque su mandato específico sobre inteligencia artificial no tiene precedente directo en el derecho internacional.
El bloque de 29 naciones y la geometría del poder tecnológico
La lista de firmantes revela una estrategia deliberada. China ha construido durante la última década una red de acuerdos bilaterales de cooperación tecnológica con países de África, Asia Central y América Latina. La WAICO convierte esa red informal en una arquitectura institucional con nombre, sede y, previsiblemente, presupuesto propio.
Brasil es el firmante de mayor peso económico fuera de China y Rusia. Su adhesión arrastra credibilidad regional en América Latina y abre la puerta a que otros países de la región, que observan desde fuera, reconsideren su posición. Venezuela y Cuba, por su parte, aportan al bloque una señal política clara sobre el carácter del alineamiento.
Los diez países africanos no se identifican individualmente en el acuerdo fundacional publicado hasta ahora, pero su presencia colectiva es significativa. África es el continente con mayor crecimiento proyectado de usuarios de internet y de adopción de herramientas de inteligencia artificial en los próximos años, lo que convierte a sus gobiernos en actores con capacidad real de moldear estándares de uso.
Qué gobierna la WAICO y qué queda fuera de su alcance
El acuerdo fundacional establece que la WAICO actuará como foro de coordinación en materia de políticas de inteligencia artificial, estándares técnicos, ética algorítmica e intercambio de datos entre Estados miembros. No tiene, al menos en su versión inicial, capacidad regulatoria vinculante sobre empresas privadas.
Esa distinción importa. La Unión Europea, con su Reglamento de Inteligencia Artificial aprobado en 2024, sí dispone de un marco legal que obliga directamente a compañías como Google, Meta o los desarrolladores de modelos de lenguaje que operan en su territorio. La WAICO, en cambio, opera en la capa intergubernamental: define normas entre Estados, no entre reguladores y empresas.
El modelo se parece más al de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, organismo de la ONU fundado en 1865 y reconvertido en árbitro del espectro radioeléctrico y los estándares de conectividad, que al de un regulador con dientes. Pero la influencia de la UIT sobre cómo se desplegó internet en el Sur Global demuestra que ese tipo de instituciones acaba pesando más de lo que parece en su acta fundacional.
Pekín como arquitecto: ventajas, tensiones y preguntas sin responder
China lleva años construyendo su posición en foros internacionales de gobernanza tecnológica. En la UIT, los candidatos chinos han ocupado puestos de dirección relevantes. En organismos de estandarización como el ISO o el IEEE, las delegaciones chinas han multiplicado sus propuestas de normas técnicas. La WAICO es el paso siguiente: crear un organismo propio donde Pekín no compite por influencia, sino que la ejerce desde el diseño institucional.
Eso no significa automáticamente que la organización vaya a funcionar como correa de transmisión de los intereses del Partido Comunista. Organismos como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, también impulsado por China en 2015, han desarrollado con el tiempo estructuras de gobernanza más plurales de lo que sus críticos iniciales anticiparon. Pero la pregunta sobre independencia real frente a Pekín seguirá sobrevolando cada decisión que tome la WAICO.
Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido, Japón y Corea del Sur no están entre los firmantes. Su ausencia no es un dato menor. Significa que las dos principales potencias reguladoras en inteligencia artificial, Washington y Bruselas, quedan fuera de la mesa donde se van a debatir los estándares que afectarán a más de la mitad de la población mundial.
El nuevo equilibrio del sector: dos sistemas de normas, una sola tecnología
La creación de la WAICO acelera una tendencia que ya era visible: la fragmentación del marco normativo global de la inteligencia artificial en, al menos, dos grandes bloques con lógicas distintas. Por un lado, el enfoque occidental centrado en derechos individuales, transparencia algorítmica y limitaciones al uso de datos personales. Por otro, un modelo que prioriza la soberanía estatal sobre los datos, la eficiencia del despliegue tecnológico y la cooperación Sur-Sur.
Esa bifurcación tiene consecuencias prácticas para las empresas que operan globalmente. Un sistema de salud que utilice inteligencia artificial para diagnóstico en Indonesia, país firmante de la WAICO, deberá cumplir con los estándares que fije ese organismo. Si esa misma empresa quiere operar en Alemania, tendrá que adaptarse al Reglamento europeo. El coste de cumplimiento doble puede acabar siendo una barrera de entrada que favorezca a los actores locales en cada bloque.
Para los países miembros de la WAICO con menor capacidad técnica, el organismo puede representar acceso a infraestructura de inteligencia artificial, formación y transferencia tecnológica que de otro modo no llegaría. Ese es el argumento de atracción que Pekín ha usado con éxito en su política exterior tecnológica durante la última década, desde los cables submarinos hasta las redes 5G desplegadas por Huawei en África.
Guterres en Shanghái y el dilema de las Naciones Unidas
La asistencia del secretario general de la ONU a la firma plantea una tensión institucional que merece atención. Las Naciones Unidas llevan años intentando articular su propia respuesta a la gobernanza de la inteligencia artificial. En 2023 crearon un Órgano Asesor de Alto Nivel sobre IA, y en 2024 aprobaron la primera resolución de la Asamblea General específicamente dedicada a la materia, impulsada precisamente por Estados Unidos.
Que Guterres haya estado presente en Shanghái sin que la ONU se adhiera formalmente a la WAICO sugiere que el secretario general busca mantener canales abiertos con todos los bloques. Es una posición comprensible desde la lógica de la diplomacia multilateral, pero que puede leerse también como una señal de que la ONU reconoce implícitamente la legitimidad del nuevo organismo sin poder integrarlo en su propio sistema.
Wang Yi, la WAICO y lo que viene para Brasil, Indonesia y el resto de firmantes
La firma de Wang Yi en nombre de China no es un gesto protocolario. El ministro de Exteriores chino ha sido el arquitecto de buena parte de la expansión diplomática de Pekín en los últimos años, desde los acuerdos de la Ruta de la Seda Digital hasta la ampliación del grupo BRICS.
Su presencia directa en el acto fundacional señala que la WAICO es una prioridad de política exterior de primer nivel para China, no un proyecto técnico de segundo rango.
Para países como Brasil e Indonesia, la adhesión a la WAICO no cierra necesariamente la puerta a otros marcos. Brasilia mantiene relaciones activas con la Unión Europea y con Estados Unidos. Yakarta ha firmado acuerdos de cooperación tecnológica con múltiples socios. La pregunta es si, a medida que la WAICO desarrolle estándares vinculantes para sus miembros, esa doble pertenencia seguirá siendo viable o si la presión hacia la elección de un solo bloque aumentará.
Lo que ven los inversores
Si la WAICO logra consolidarse como referencia normativa para sus 29 miembros fundadores, el sector tecnológico global enfrentará un escenario en el que diseñar, entrenar y desplegar sistemas de inteligencia artificial exigirá navegar dos marcos regulatorios con filosofías distintas sobre privacidad, supervisión humana y uso militar de la tecnología. Las empresas con mayor capacidad de adaptación serán las que puedan operar en ambos entornos. Las que no puedan elegirán bando, y esa elección definirá mercados durante años.
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial.
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