Anthropic, la empresa estadounidense creadora del asistente Claude, ha acusado al gigante tecnológico chino Alibaba de orquestar el mayor «ataque de destilación» conocido hasta la fecha: 28,8 millones de conversaciones extraídas de Claude mediante unas 25.000 cuentas fraudulentas en apenas 45 días. La denuncia, adelantada por Bloomberg y Nikkei Asia, figura en una carta que Anthropic envió el 10 de junio de 2026 al Comité Bancario del Senado de Estados Unidos.
El objetivo, según la compañía, no era curiosear: los atacantes fueron a por las capacidades más valiosas de Claude —su razonamiento autónomo, su habilidad para programar y su destreza en tareas largas y complejas—, las mismas que Anthropic reserva para sus modelos más avanzados.
Qué es la «destilación» y por qué no siempre es ilegal
Imagine al mejor alumno de la clase, que ha estudiado durante años. Un compañero, en lugar de estudiar, se dedica a copiarle miles de exámenes ya resueltos y a memorizar cómo razona hasta imitarle casi a la perfección, en una fracción del tiempo y sin pagar esa formación. Eso es, en esencia, la destilación: entrenar a un modelo de inteligencia artificial más débil a partir de las respuestas de otro más potente.
La técnica en sí es legítima y habitual. Los grandes laboratorios «destilan» sus propios modelos para crear versiones más pequeñas y baratas para sus clientes. El problema aparece cuando se usa para cosechar masivamente las capacidades de un competidor, saltándose sus condiciones de uso y sus restricciones de acceso. Ahí deja de ser una técnica de ingeniería para convertirse, según Anthropic, en espionaje industrial a gran escala.
28,8 millones de conversaciones en 45 días
De acuerdo con la carta de Anthropic, la campaña atribuida a Alibaba —en concreto a su laboratorio de inteligencia artificial Qwen— se desarrolló entre el 22 de abril y el 5 de junio de 2026. Para esquivar los controles, los operadores habrían empleado cerca de 25.000 cuentas falsas que repartían el tráfico para no levantar sospechas, una estructura que Anthropic describe como redes tipo «hidra»: cuando se bloquea una cuenta, nace otra en su lugar.
La compañía sostiene que la operación buscaba acercarse a las capacidades de su modelo más avanzado. Alibaba, por ahora, no ha respondido públicamente a las acusaciones.
No es la primera vez: DeepSeek, Moonshot y MiniMax
El caso de Alibaba no surge de la nada. En febrero de 2026, Anthropic ya había hecho público que tres laboratorios chinos —DeepSeek, Moonshot (creador de los modelos Kimi) y MiniMax— habían generado en conjunto más de 16 millones de conversaciones con Claude a través de unas 24.000 cuentas fraudulentas. MiniMax encabezaba la lista con más de 13 millones de intercambios.
Un detalle revela la sofisticación de estas operaciones: Anthropic detectó que DeepSeek pedía a Claude que escribiera, paso a paso, el razonamiento interno que había seguido para llegar a una respuesta. Dicho de otro modo, no copiaban solo las respuestas, sino el «cómo piensa» del modelo, justo el ingrediente más difícil y caro de construir.
OpenAI ya había dado la voz de alarma
Anthropic no es la única que ha denunciado esta práctica. El 12 de febrero de 2026, OpenAI —la creadora de ChatGPT— remitió un memorando al comité de la Cámara de Representantes sobre China en el que acusaba a DeepSeek de «viajar gratis» sobre el trabajo de los laboratorios estadounidenses, según reveló Bloomberg. OpenAI aseguraba haber detectado «métodos nuevos y ofuscados» para extraer las respuestas de sus modelos y entrenar con ellas la siguiente versión del chatbot chino R1.
Dos de los mayores rivales del sector, por tanto, coinciden en el diagnóstico: el avance acelerado de varios laboratorios chinos se apoyaría, en parte, en capacidades extraídas de los modelos occidentales.
Qué pide Anthropic a Washington
Más allá de la denuncia, la carta de Anthropic incluye una agenda política concreta. La empresa reclama tres cosas: claridad legal para que los laboratorios puedan compartir entre ellos información sobre estas amenazas sin riesgo de sanciones por competencia desleal; un refuerzo de los controles de exportación de los chips más avanzados; y sanciones contra los laboratorios chinos implicados.
El argumento de fondo es que estos ataques solo son posibles a gran escala con acceso a chips potentes, de modo que restringir esos chips limitaría tanto el entrenamiento directo como la extracción ilícita.
Un debate que va más allá de dos empresas
El episodio reabre una de las preguntas más incómodas de la actual carrera tecnológica entre Estados Unidos y China: cuánto del impresionante progreso de la inteligencia artificial china se ha ganado con investigación propia y cuánto se ha extraído de los modelos occidentales. La respuesta no es sencilla, porque la destilación —repetimos— también es una herramienta legítima que todos usan.
Para Anthropic y OpenAI, la diferencia está en el matiz: una cosa es perfeccionar el modelo propio y otra muy distinta es saquear sistemáticamente el del vecino. Mientras los reguladores estadounidenses deciden si actúan, una certeza queda sobre la mesa: la próxima gran batalla de la inteligencia artificial no se librará solo en los laboratorios, sino también en los despachos del Senado.
Cómo trabajamos en laprensaia: esta información se ha elaborado a partir de fuentes verificadas —el comunicado oficial de Anthropic, la carta remitida al Senado de EE. UU. y las informaciones de Bloomberg y Nikkei Asia— y revisada por nuestro equipo editorial.
Fermín Sánchez es el responsable editorial de LaPrensaIA, diario de divulgación sobre inteligencia artificial. Cubrimos la actualidad de la IA con criterio propio —tecnología, empresas y sociedad— de forma clara para el público no técnico. Cada artículo se elabora con la asistencia tecnológica de Iberia y se revisa antes de publicarse. Más sobre cómo trabajamos →



