Trump derogó la Orden Ejecutiva 14110 de Biden el 20 de enero de 2025, horas después de su investidura. Con ese acto, el marco federal más ambicioso que había producido Estados Unidos sobre inteligencia artificial dejó de existir.
Una orden que tardó más de un año en construirse y menos de un día en desaparecer
Joe Biden firmó la Orden Ejecutiva 14110 el 30 de octubre de 2023. Era un documento extenso y técnico que obligaba a las agencias federales a designar responsables específicos de inteligencia artificial, establecía salvaguardas para proteger las libertades civiles frente al uso de modelos avanzados y trazaba una estrategia nacional coordinada.
No era una declaración de intenciones. Era un mecanismo operativo que afectaba directamente a cómo el gobierno federal de Estados Unidos desarrollaba, compraba y desplegaba sistemas de IA en sus propias estructuras.
Trump la derogó el mismo día de su toma de posesión. No hubo periodo de transición ni revisión técnica previa. La orden desapareció del marco regulatorio federal con la misma velocidad con la que se firma un decreto.
Qué contenía exactamente la Orden Ejecutiva 14110
La orden de Biden era, hasta su derogación, el documento de referencia más completo que había producido el gobierno federal estadounidense en materia de inteligencia artificial. Sus ejes principales eran tres: seguridad y evaluación de riesgos en modelos de gran escala, protección de derechos civiles frente a sistemas automatizados de decisión, y coordinación entre agencias para evitar usos incompatibles con el interés público.
Obligaba a los desarrolladores de los modelos de IA más potentes a compartir resultados de pruebas de seguridad con el gobierno antes de su lanzamiento público. Era una medida sin precedente en la regulación tecnológica federal estadounidense.
También instruía al Departamento de Comercio, al Departamento de Seguridad Nacional y a otras agencias a desarrollar estándares técnicos y guías de uso responsable. Era, en la práctica, una arquitectura regulatoria distribuida por todo el aparato del Estado.
Por qué la derogación afecta más allá de Washington
Estados Unidos lidera el desarrollo de inteligencia artificial a escala global. Las decisiones que toma su gobierno sobre cómo regular o no regular esta tecnología tienen consecuencias directas en cómo otros países y empresas diseñan sus propias políticas.
La Orden Ejecutiva 14110 funcionaba como punto de referencia para gobiernos y organismos reguladores fuera de Estados Unidos. Gobiernos de España, México, Argentina y Colombia la utilizaban como guía orientativa para sus propios marcos de gobernanza de IA, según recoge el contenido original de esta información.
Sin ese documento, el debate regulatorio global pierde su ancla más visible en el hemisferio occidental. La Unión Europea tiene su propio AI Act, aprobado formalmente en 2024, pero el peso específico de la política tecnológica estadounidense en el debate global es difícil de sustituir con otro referente.
El contexto político detrás de la decisión de Trump
La derogación no fue una sorpresa. Durante la campaña electoral de 2024, el entorno de Trump había señalado en repetidas ocasiones que la orden de Biden era un obstáculo para la competitividad tecnológica del país. El argumento central era que las exigencias regulatorias ralentizaban la innovación y ponían en desventaja a las empresas estadounidenses frente a competidores como China.
Este enfoque conecta con una visión más amplia de la administración Trump sobre la regulación tecnológica: menos intervención estatal, más libertad de mercado y prioridad a la velocidad de desarrollo sobre los mecanismos de control previo.
No es una posición nueva en el debate sobre IA. Parte de la industria tecnológica, especialmente entre las empresas de mayor capitalización, lleva años argumentando que la regulación prematura puede frenar el progreso en un campo que todavía no ha alcanzado su madurez técnica.
Qué queda en pie sin la orden de Biden
La derogación no deja un vacío legal absoluto. Existen leyes sectoriales que regulan el uso de sistemas automatizados en ámbitos específicos, como el crédito financiero, la sanidad o el empleo. Pero esas normas son anteriores a la era de los grandes modelos de lenguaje y no fueron diseñadas para gestionar los riesgos que plantean los sistemas de IA generativa.
A nivel estatal, varios estados han avanzado en sus propias regulaciones. California, en particular, ha sido el territorio más activo en este terreno, aunque algunos de sus proyectos legislativos más ambiciosos encontraron resistencia en 2024.
Lo que desaparece con la Orden Ejecutiva 14110 es la coordinación federal. Sin ese paraguas común, cada agencia queda libre de establecer sus propios criterios, lo que puede derivar en enfoques fragmentados e incompatibles entre sí.
El impacto en España y Latinoamérica
El contenido original de esta información señala explícitamente que gobiernos y empresas en España, México, Argentina y Colombia utilizaban la Orden Ejecutiva 14110 como guía para sus propias políticas de inteligencia artificial.
Esto tiene implicaciones concretas. Muchos organismos reguladores en países hispanohablantes no cuentan con equipos técnicos suficientemente grandes para desarrollar marcos propios desde cero. Adoptar o adaptar documentos de referencia de gobiernos con mayor capacidad técnica es una práctica habitual y legítima en política regulatoria.
Con la desaparición de ese referente, estos países enfrentan dos opciones: girar hacia el AI Act europeo como nuevo documento guía, o acelerar el desarrollo de marcos propios. Ninguna de las dos opciones es sencilla ni rápida.
Las voces que faltan en esta historia
El contenido original de esta información no incluye declaraciones de expertos, responsables de política pública ni representantes de la industria tecnológica. Tampoco aporta reacciones de organismos internacionales como la OCDE o la UNESCO, que tienen mandatos activos en materia de gobernanza de IA.
La ausencia de fuentes directas limita el análisis. Lo que sí está documentado es el hecho en sí: la orden existía, fue firmada por Biden el 30 de octubre de 2023, y Trump la derogó el 20 de enero de 2025.
Cualquier valoración sobre las consecuencias a medio plazo requeriría contrastar posiciones de actores con intereses distintos, algo que esta información no permite hacer con rigor en este momento.
Lo que está en juego
La derogación de la Orden Ejecutiva 14110 no es un hecho técnico menor. Elimina el único marco federal coordinado que existía en Estados Unidos para gestionar los riesgos de la inteligencia artificial en el sector público y para orientar al sector privado en materia de seguridad y transparencia.
El país que concentra la mayor parte del desarrollo global de IA, donde tienen su sede las empresas con los modelos más potentes del mundo, opera ahora sin ese instrumento de coordinación. Lo que ocurra en los próximos meses, si la administración Trump presenta un marco alternativo o si simplemente deja el espacio vacío, determinará en buena medida cómo evoluciona el debate regulatorio global durante los próximos años.
Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial.
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